Conversación con Juan Guillermo Prado para el diario La Estrella de Valparaíso (Enero 2026) sobre San Charbel, el Santo del Siglo XXI
¿Quién es San Charbel?
San Charbel es, ante todo, un monje maronita de Líbano, la Iglesia Maronita es una Iglesia católica oriental que está en plena comunión con Roma, que conserva una tradición litúrgica, espiritual y cultural propia y una de las comunidades cristianas mas antiguas de Oriente Medio con mas de 1600 años de existencia. Su vida transcurrió en el silencio, la obediencia y la radicalidad espiritual más extrema. Nacido un 8 de Mayo de 1828 como Youssef Antoun Makhlouf en una familia campesina, en las montañas del norte de Líbano, profundamente creyente, fue formado en una tradición donde la fe no era un discurso, sino una práctica cotidiana: oración familiar, ayuno, rosario, trabajo y una religiosidad austera y exigente.
San Charbel no fue una figura pública ni un predicador. Su santidad se expresó en la vida eremítica, en la soledad voluntaria, en el desprendimiento absoluto y en una fidelidad inquebrantable a la oración y a la Eucaristía. Vivió como un hombre prácticamente oculto, desconocido fuera de su monasterio, sin buscar reconocimiento alguno.
Paradójicamente, es después de su muerte, ocurrida en 1898, cuando su figura adquiere una dimensión universal. Los documentos de la época en Líbano describen fenómenos extraordinarios y persistentes: la conservación del cuerpo, la exudación de un líquido sanguinolento, la ausencia de descomposición, fenómenos luminosos visibles por monjes, campesinos e incluso autoridades musulmanas, y una larga serie de exámenes médicos que no lograron dar una explicación natural concluyente.
Lo relevante, sin embargo, no es sólo lo extraordinario, sino el impacto espiritual y humano que estos hechos produjeron. San Charbel se transformó en un signo de interpelación: un hombre silencioso, apartado del mundo, que después de muerto convoca multitudes, suscita fe, preguntas y esperanza, más allá de credos y culturas.
En ese sentido, San Charbel, representa una santidad no discursiva, profundamente oriental, donde el testimonio vale más que la palabra.
Es esa coherencia entre vida, muerte y legado lo que explica que hoy sea una figura venerada no sólo por cristianos, sino también respetada por personas de otras religiones.
¿Cuál ha sido el desarrollo de su popularidad en Chile?
Cuando yo era muy pequeño y mi abuela libanesa vivía, tenía en su velador la imagen de un hombre con barba blanca, túnica negra y los ojos cerrados. A mi me llamaba mucho la atención esa postura y que cerca de su mano derecha tenía un árbol que parecía un pino de navidad. Pasado el tiempo aprendí que era San Charbel y que el árbol no era cualquiera, era un cedro que para los cristianos de Líbano representa a Santa María y que está como símbolo en la bandera nacional libanesa. Desde esa intimidad se produce la expansión de la devoción a San Charbel que sale de la casa de los libaneses a todo Chile. Si bien fue canonizado en 1977, por el Papa Pablo VI, su presencia en el país comienza a visibilizarse con más fuerza desde la década de 1980, principalmente a partir de las comunidades chilenas de origen libanés que trajeron su imagen, su espiritualidad y su testimonio de fe.
Con el paso del tiempo, esta devoción fue trascendiendo esos círculos iniciales. Un factor clave ha sido la difusión de testimonios de sanación atribuidos a su intercesión, algunos de ellos ampliamente conocidos por la opinión pública, lo que generó un acercamiento espontáneo de muchos fieles que no tenían un vínculo previo con la espiritualidad oriental.
Hoy San Charbel es una figura transversal dentro del catolicismo chileno: su fiesta se celebra cada 24 de julio en distintas parroquias, existen grupos de oración dedicados a él y su imagen está presente en hogares de norte a sur. Su popularidad no responde a una moda, sino a una experiencia espiritual profundamente ligada al silencio, la austeridad y la esperanza, valores que encuentran especial resonancia en el Chile actual.
En un contexto de incertidumbre social y personal, muchas personas encuentran en San Charbel una espiritualidad sobria y cercana, que no promete soluciones fáciles, pero sí consuelo, perseverancia y fe.
¿Su devoción tiene alguna importancia, en la Región de Valparaíso?
En Viña del Mar, San Charbel está presente a través de una imagen venerada en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en el sector Recreo. Allí se ha desarrollado una devoción sencilla pero constante, marcada por testimonios de consuelo espiritual y esperanza ante la enfermedad y la dificultad. Son experiencias propias de la religiosidad popular, vividas con mucha discreción, pero profundamente significativas para quienes se acercan. Desde allí ilumina a toda la región.
¿Qué importancia tienen los milagros que se le atribuyen?
Los milagros atribuidos a San Charbel no pueden entenderse como hechos aislados ni como simples relatos piadosos. Su importancia radica en que aparecen documentados de manera persistente, reiterada y transversal, y en que se producen después de su muerte, en torno a un hombre que en vida eligió el silencio, el anonimato y el retiro absoluto.
Desde fines del siglo XIX, el cuerpo de San Charbel fue objeto de exámenes médicos formales, realizados por distintos profesionales —algunos creyentes y otros no— que constataron fenómenos difíciles de explicar por las leyes naturales: la conservación del cuerpo, su elasticidad, la exudación de un líquido sanguinolento durante años y la ausencia de descomposición, pese a condiciones ambientales adversas y a múltiples intervenciones.
La importancia de estos hechos no está únicamente en su carácter extraordinario, sino en la incapacidad reiterada de la ciencia médica para dar una explicación concluyente, lo que llevó incluso a médicos a declarar explícitamente que se encontraban ante un fenómeno que excedía los mecanismos naturales conocidos. Estos testimonios, recogidos bajo juramento y en comisiones eclesiásticas, dan a los milagros un peso histórico y documental poco habitual.
Además, los milagros no se limitan al cuerpo. Se relatan fenómenos luminosos, visibles por monjes, campesinos e incluso autoridades musulmanas, lo que resulta particularmente significativo en un contexto multirreligioso. San Charbel aparece así como una figura que trasciende fronteras confesionales, despertando respeto y asombro más allá del cristianismo.
Desde una perspectiva más profunda, los milagros cumplen una función simbólica y espiritual: confirman la coherencia radical entre la vida silenciosa del ermitaño y su legado posterior. No son un espectáculo, sino un signo que remite a una vida totalmente entregada a Dios. En ese sentido, los milagros no sustituyen la fe, sino que la interpelan; no obligan a creer, pero sí invitan a preguntarse por el sentido de una santidad vivida en lo oculto y manifestada con fuerza después de la muerte.
Por ello, la importancia de los milagros de San Charbel reside en que no eclipsan su vida, sino que la revelan: muestran que una existencia marcada por el silencio, la obediencia y la oración puede tener una resonancia universal, capaz de tocar a creyentes y no creyentes, y de seguir generando sentido más de un siglo después.
¿Cuál es el principal desafío hacia el futuro?
El principal desafío hacia el futuro es profundizar su sentido. El mensaje que San Charbel Makhlouf entrega a nuestra época es profundamente contracultural: el valor del silencio en medio del ruido, de la austeridad frente al consumo desmedido y de la vida interior en un tiempo marcado por la ansiedad y la confrontación permanente.
En una sociedad convulsa, fragmentada y muchas veces cansada, San Charbel no ofrece respuestas inmediatas ni soluciones fáciles. Su testimonio invita a la perseverancia, a la coherencia de vida y a recuperar una espiritualidad sencilla, centrada en la compasión, la esperanza y en el mirarse a uno mismo y al mismo tiempo mirar a Dios. De ahí el simbolismo de todas sus imágenes con los ojos cerrados.
El desafío es que su figura sea comprendida no como un recurso de emergencia, sino como una escuela de humanidad capaz de dialogar con los dolores y búsquedas del Chile de hoy.


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