Presentacion proyecto de investigación “Relación entre Caries Infantil y Flora Bacteriana Oral” en la Región de Coquimbo

Muy buenos días.

Permítanme comenzar con una invocación a nuestra Gabriela Mistral, cuya voz sigue iluminando el sentido más profundo de lo que hacemos en educación y en servicio público:

“Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar; el niño no.

Ahora es el momento, sus huesos se están formando, su sangre se está haciendo y sus sentidos se están desarrollando.”

Estas palabras, escritas hace ya tantos años, resuenan hoy con una fuerza extraordinaria. Nos recuerdan que cuando hablamos de infancia, hablamos de urgencia, de responsabilidad y de futuro.

Hoy no estamos simplemente lanzando un proyecto de investigación. Estamos dando un paso concreto en la construcción de un modelo de universidad que entiende su rol en profundidad: una universidad que no observa el territorio desde la distancia, sino que se involucra, escucha, investiga y actúa.

La salud bucal infantil, como bien sabemos, no es un problema menor. Es una de las condiciones de mayor prevalencia en la infancia y tiene efectos directos en la calidad de vida, en el desarrollo y en las oportunidades futuras de nuestros niños y niñas. Por eso, abordarla no es solo una tarea clínica; es una responsabilidad social y, diría más aún, una tarea de política pública.

Este proyecto representa precisamente eso: la articulación virtuosa entre conocimiento científico, necesidades reales del territorio y decisión pública. Y en ese punto quiero ser muy claro: las transformaciones relevantes en nuestras sociedades no ocurren cuando los actores trabajan por separado, sino cuando lo hacen juntos.

Aquí confluyen tres pilares fundamentales: el mundo académico, el mundo público y el territorio.

Como Universidad del Alba —una universidad no estatal, pero con una profunda vocación pública— asumimos que nuestro compromiso no se agota en la formación de profesionales. Nuestro compromiso es con el desarrollo del país, y especialmente con el desarrollo de la región que hemos decidido habitar y proyectar.

Nuestra casa central en La Serena no es solo una ubicación geográfica. Es una definición estratégica. Es una señal clara de que creemos en las regiones, en su potencial y en su capacidad de liderar procesos de transformación desde sus propias realidades.

Y este proyecto es un ejemplo concreto de esa convicción.

Porque aquí no se trata solo de generar conocimiento, sino de generar conocimiento aplicado. De producir evidencia científica local que permita tomar mejores decisiones en salud pública. De avanzar desde un modelo reactivo hacia uno preventivo. De anticiparnos al problema, en lugar de simplemente responder a él.

Pero también se trata de algo aún más profundo: de reconocer que la solución a los problemas complejos requiere diálogo, requiere escucha y requiere colaboración.

Por eso, la participación del Gobierno Regional y de Fundación Integra no es solo valiosa, es indispensable. Porque son ustedes quienes están en contacto directo con la realidad cotidiana de las familias, quienes conocen las urgencias, las brechas y las oportunidades.

Y es precisamente en esa intersección —entre la evidencia y la experiencia— donde se construyen las mejores políticas públicas.

Quiero, además, destacar el trabajo de nuestras investigadoras y equipos académicos. Ustedes encarnan el espíritu de esta universidad: rigor, compromiso y sentido de propósito. Este proyecto no solo aporta conocimiento; fortalece nuestras capacidades de investigación y consolida nuestro posicionamiento como una institución que investiga para transformar.

Ese es el sello que queremos construir y proyectar: una universidad regional, conectada con su entorno, que aporta soluciones concretas a problemas reales.

Y en esa línea, este proyecto también nos permite avanzar en algo clave: la articulación intersectorial. Academia, sector público y comunidad trabajando juntos, no como una excepción, sino como una forma permanente de hacer las cosas.

Ese es el camino.

Porque cuando la investigación se conecta con el territorio, deja de ser solo conocimiento y se transforma en impacto.

Y cuando ese impacto mejora la vida de las personas —especialmente de nuestros niños y niñas—, entonces estamos cumpliendo verdaderamente con nuestra misión.

Permítanme cerrar con una convicción profunda:

las regiones no son periferia del desarrollo; son su motor.

Y desde La Serena, desde la Región de Coquimbo, estamos demostrando que es posible construir conocimiento de calidad, con pertinencia territorial y con impacto real.

Ese es el compromiso de la Universidad del Alba.

Ese es el sentido de este proyecto.

Y ese es el camino que seguiremos recorriendo juntos.

Muchas gracias.

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