INAUGURACIÓN DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS PARA LA DEMOCRACIA 18 de Junio 2026
Rector: Rafael Rosell Aiquel
Una mirada desde la Universidad del Alba
“Una democracia sana requiere ciudadanos que puedan razonar juntos sobre lo que es justo y sobre la idea de bien común”.
Con estas palabras del filósofo Michael Sandel quisiera iniciar esta reflexión.
Porque la democracia no es solamente un mecanismo para elegir autoridades. Es, ante todo, una forma de convivencia humana fundada en la dignidad de las personas, el respeto a las diferencias y la búsqueda compartida del bien común.
Hoy inauguramos el Instituto Internacional de Estudios para la Democracia de la Universidad del Alba.
Y quizás la primera pregunta que debemos responder es sencilla:
¿Por qué una universidad? ¿Y por qué ahora?
La respuesta es porque las universidades nacieron precisamente para pensar los grandes desafíos de su tiempo.
Y nuestro tiempo enfrenta desafíos profundos.
Vivimos una época de extraordinarios avances científicos y tecnológicos. La inteligencia artificial transforma la economía, el trabajo, la educación y la política. Las redes sociales amplifican voces, pero también multiplican la desinformación. La conectividad acerca a las personas, pero muchas veces profundiza la fragmentación de las comunidades.
Paradójicamente, mientras disponemos de más información que nunca, observamos una creciente desconfianza hacia las instituciones democráticas.
Por ello, la pregunta fundamental de nuestro tiempo ya no es únicamente cómo elegir gobernantes.
La pregunta es cómo fortalecer una convivencia democrática capaz de sostener la libertad, la justicia y la paz social.
En su reciente discurso ante el Parlamento español, El Papa León XIV recordó una verdad esencial:
“La dignidad humana precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables ni al vaivén de las mayorías”.
Esa afirmación constituye uno de los fundamentos más profundos de toda democracia auténtica.
La democracia no puede reducirse a la voluntad circunstancial de las mayorías.
Debe sustentarse en el reconocimiento de una dignidad humana que ninguna mayoría puede vulnerar.
Por ello, la democracia requiere instituciones, leyes y procedimientos, pero también necesita principios éticos.
Necesita ciudadanos.
Necesita educación.
Necesita cultura cívica.
Y necesita universidades.
La Universidad del Alba asume esta tarea desde su propia identidad.
Nuestros valores institucionales dialogan naturalmente con los fundamentos de la vida democrática.
La humanidad nos recuerda que cada persona posee un valor intrínseco que trasciende cualquier diferencia ideológica, social, cultural o económica.
La inclusión social nos enseña que una democracia sólo alcanza plenitud cuando todas las voces pueden participar de la construcción del futuro común.
La solidaridad nos recuerda que la libertad individual sólo florece plenamente cuando reconocemos nuestras responsabilidades hacia los demás.
Y la integridad nos exige coherencia ética, transparencia y responsabilidad en el ejercicio de toda función pública o privada.
Estos principios no son ajenos a la tradición democrática.
Son precisamente los valores que permiten que la democracia sea algo más que un procedimiento y se transforme en una verdadera comunidad política.
Robert Dahl, uno de los grandes teóricos contemporáneos de la democracia, definió este sistema como aquel que responde a sus ciudadanos considerados como políticamente iguales.
La igualdad política constituye una de las conquistas más importantes de la modernidad.
Pero la igualdad política requiere algo más que una declaración jurídica.
Requiere oportunidades reales de participación, acceso al conocimiento, deliberación pública informada y confianza en las instituciones.
Por ello, este Instituto nace con una vocación académica y pública.
Académica, porque buscará investigar rigurosamente los desafíos contemporáneos de la democracia.
Y pública, porque aspira a contribuir al fortalecimiento de la convivencia democrática en Chile, América Latina y el mundo.
No es casual que el Papa León XIV haya recordado ante las Cortes españolas la herencia intelectual de la Escuela de Salamanca.
Aquellos pensadores comprendieron, hace cinco siglos, que el poder debía encontrar límites en la dignidad humana y que toda autoridad debía estar orientada al bien común.
Esa reflexión conserva hoy plena vigencia.
Los nuevos mundos que enfrentamos ya no se descubren cruzando los océanos.
Se despliegan en la inteligencia artificial, en la biotecnología, en los entornos digitales y en la globalización.
Frente a ellos debemos formular nuevamente la pregunta salmantina:
¿Cómo asegurar que el progreso permanezca al servicio de la persona humana?
La democracia del siglo XXI deberá responder precisamente a esa interrogante.
Porque las complejidades actuales son múltiples.
La crisis de confianza institucional.
La polarización política.
La expansión de la desinformación.
La fragilidad del diálogo público.
La concentración del poder tecnológico.
Los desafíos migratorios.
La creciente desigualdad.
Y la tensión permanente entre seguridad, libertad y derechos fundamentales.
Ninguno de estos desafíos admite respuestas simples.
Pero todos exigen reflexión rigurosa, diálogo interdisciplinario y compromiso con el bien común.
Por ello, este Instituto nace como un espacio de encuentro.
Un lugar donde las diferencias puedan dialogar.
Donde la evidencia y la razón contribuyan al debate público.
Y donde la democracia sea comprendida no sólo como una forma de gobierno, sino como una forma de convivencia humana.
Churchill afirmó que la democracia es el peor sistema de gobierno, exceptuando todos los demás.
La frase conserva su vigencia.
Pero nuestro desafío actual es más ambicioso.
No basta con defender la democracia frente a sus adversarios.
Debemos mejorarla, fortalecerla y hacerla capaz de responder a las exigencias de nuestro tiempo.
Esa será la misión del Instituto Internacional de Estudios para la Democracia.
Y esa es también una expresión concreta de la vocación pública de la Universidad del Alba.
Porque creemos que educar es servir.
Que investigar es contribuir al bien común.
Y que fortalecer la democracia es fortalecer la dignidad humana.
“La democracia no se hereda; se aprende, se cultiva y se fortalece cada día. Ese será el compromiso del Instituto Internacional de Estudios para la Democracia de la Universidad del Alba.”
Gracias


Deja un comentario