Palabras de apertura sobre Océanos y Economía Azul
Ciencia Innovación y Tecnologías Emergentes para una Cooperación Sostenible
Rafael Rosell Aiquel
Presidente del Foro Académico Permanente ALC UE
Rector de la Universidad del Alba
Universidad Portucalense Oporto 21 de octubre de 2026
Muy buenas tardes a todas y todos.
En nombre del Foro Académico Permanente América Latina y el Caribe–Unión Europea, agradezco a la Universidad Portucalense y a su rector, profesor Fernando Ramos, por acogernos en esta jornada. Mi reconocimiento a los organizadores portugueses, a Manuel Pequito y al equipo que ha hecho posible este encuentro. Saludo a las autoridades, a los representantes del mundo científico y empresarial, y a nuestros estudiantes y colegas.
Nuestros anfitriones propusieron expresamente dedicar esta sesión a los océanos y la economía azul. Es una iniciativa que valoramos y que encuentra en Portugal, con su vocación atlántica, un lugar especialmente significativo. Desde Oporto, ciudad vinculada al mar, podemos abrir una conversación que alcance todas las costas de nuestras regiones.
Para quienes venimos de Chile, el Pacífico forma parte de nuestra vida y de nuestra identidad. Muchos colegas europeos conocen esa misma pertenencia desde el Mediterráneo; otros, desde el Atlántico. En el Caribe, la relación con el mar es decisiva para la vida de sus pueblos. Estas experiencias nos permiten reconocer necesidades comunes y aprender de nuestras diferencias.
La Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO nos recuerda un principio esencial: la Tierra tiene un solo océano, con múltiples cuencas y características. El Atlántico y el Pacífico, junto con mares como el Mediterráneo y el Caribe, forman parte de un sistema conectado. Sus corrientes transportan calor y enlazan procesos que influyen en el clima y en la vida de lugares muy distantes.
Ese océano cubre cerca del setenta por ciento del planeta. Contribuye a regular el clima, sostiene una extraordinaria diversidad de vida y proporciona alimentos y medios de subsistencia. Su deterioro compromete el bienestar humano. Por eso, su cuidado debe ocupar un lugar central en nuestras políticas de desarrollo y en la formación de las nuevas generaciones.
El Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible lo expresa con claridad: «La ciencia que necesitamos para el océano que queremos». Esa relación entre conocimiento y responsabilidad da sentido a esta jornada.
La economía azul supone aprovechar los recursos marinos de manera sostenible, generando bienestar y empleo mientras se preserva la salud de los ecosistemas. Su valor debe medirse también en la seguridad de las comunidades costeras, en las oportunidades de los pescadores artesanales y en la protección de la vida marina para las generaciones futuras.
La ciencia y las tecnologías emergentes pueden ayudarnos. La observación satelital y los sensores permiten conocer mejor el estado del mar; la inteligencia artificial puede apoyar la anticipación de riesgos y la gestión de recursos. Pero su contribución depende de preguntas bien formuladas, datos confiables y decisiones sometidas a evaluación científica. Innovar exige comprender los efectos de nuestras intervenciones.
También exige escuchar a quienes viven del mar. El conocimiento de las comunidades costeras debe participar en la definición de las prioridades de investigación. Una cooperación sostenible necesita que sus beneficios lleguen a esas comunidades y que los países con menores capacidades puedan acceder a la formación y a las tecnologías necesarias.
Aquí las universidades tenemos una responsabilidad concreta. Podemos reunir disciplinas, formar profesionales capaces de comprender problemas complejos y ofrecer evidencia para las decisiones públicas. Desde el Foro, vemos en las ciencias oceánicas un campo para hacer realidad la integración académica entre Europa, América Latina y el Caribe.
Invito a que esta jornada identifique proyectos de investigación compartidos, oportunidades de formación conjunta y mecanismos para poner los datos al servicio de nuestras sociedades. La colaboración entre universidades, gobiernos y empresas debe traducirse en iniciativas con continuidad y financiamiento. Estos trabajos pueden aportar una dimensión concreta al Espacio Común de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación que impulsaremos mañana en la VII Cumbre Académica.
Queridas y queridos colegas: venimos de costas distintas y compartimos la responsabilidad de cuidar el océano que hace posible nuestra vida. Que este encuentro fortalezca los vínculos entre nuestras instituciones y nos ayude a transformar el conocimiento en protección y bienestar para nuestros pueblos.
Muchas gracias


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