Discurso inaugural de la VII Cumbre Académica ALC UE
Rafael Rosell Aiquel
Presidente del Foro Académico Permanente ALC UE
Rector de la Universidad del Alba
Universidad de Maia Portugal 22 de octubre
Sejam todos muito bem-vindos
Muy buenos días a todas y todos.
Cuando una estudiante atraviesa el Atlántico para aprender y regresa con conocimientos que mejoran su comunidad, la integración adquiere un rostro. Cuando investigadores de ambas orillas comparten un laboratorio y encuentran una respuesta que ninguno habría alcanzado por separado, la integración se convierte en un bien para nuestros pueblos. Esas posibilidades nos reúnen en esta VII Cumbre Académica.
En nombre del Foro Académico Permanente América Latina y el Caribe–Unión Europea, que tengo el honor de presidir, agradezco a la Universidad de Maia y a su rector, profesor José Ferreira Gomes; a Domingos Oliveira, presidente de Maiêutica; a APESP y a la comisión organizadora. Gracias a Maia y a Oporto por recibirnos, y a la Universidad Portucalense por la jornada de ayer. Saludo a las autoridades gubernamentales y parlamentarias, a las organizaciones colaboradoras y, con especial afecto, a nuestros estudiantes y colegas.
Portugal, con su vocación atlántica, nos ofrece un lugar propicio para pensar una relación entre nuestras regiones fundada en la reciprocidad. Que esta universidad sea nuestra anfitriona expresa una convicción: el encuentro entre los pueblos necesita instituciones que enseñen a conocerse y a trabajar juntos.
En enero de 2013, en Santiago de Chile, dimos vida al Foro. Desde entonces, nuestras cumbres en Bruselas, Córdoba, Bucarest, Alcalá de Henares y Bogotá han sostenido una propuesta: crear el Espacio Común Eurolatinoamericano y Caribeño de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, como pilar de la Asociación Estratégica Birregional.
Hubo avances. La educación superior se incorporó al Plan de Acción CELAC-UE de 2015. Nuestras declaraciones llegaron a los gobiernos y obtuvieron reconocimiento. Sin embargo, sigue pendiente un acuerdo de integración académica con un plan de ejecución, financiamiento y responsabilidades compartidas. Trece años después, la distancia entre lo reconocido y lo realizado exige una respuesta política.
Cada año de demora afecta oportunidades de jóvenes que desean estudiar, de profesores que necesitan colaborar y de investigadores cuyo trabajo puede mejorar vidas. Esa espera tiene un costo humano que debemos hacer visible.
La urgencia también es geopolítica. El informe de la CEPAL de 2026, Rupturas y oportunidades, advierte que la interdependencia puede convertirse en instrumento de coerción y que nuestros activos requieren estrategias e instituciones capaces de movilizarlos. Desde la universidad, extraemos una consecuencia: disponer de recursos y talento exige capacidad propia para producir conocimiento y decidir cómo emplearlo.
Las amenazas arancelarias y las presiones unilaterales de Estados Unidos refuerzan la necesidad de actuar unidos. Frente a ellas, defendamos el derecho internacional, la soberanía de nuestros pueblos y una cooperación basada en el respeto. La integración académica fortalece nuestra autonomía estratégica: la capacidad de investigar con libertad, formar a nuestras generaciones y definir prioridades de desarrollo mediante decisiones compartidas.
Europa, América Latina y el Caribe tienen capacidades científicas y culturales que pueden enriquecerse mutuamente. Articularlas exige igualdad en la definición de las agendas, acceso al conocimiento y reconocimiento de nuestra diversidad. Concebimos la educación superior como un bien público, cuya proyección internacional debe ampliar las oportunidades y reducir las desigualdades. Las humanidades y las ciencias sociales deben acompañar la innovación para orientar sus efectos hacia la dignidad humana y el bien común.
Robert Schuman propuso en 1950 construir Europa mediante «realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho». Esa lección nos interpela: la voluntad de integración debe hacerse verificable en la vida de las personas.
Por eso, hago un llamado a los gobiernos de ambas regiones, a las instituciones de la Unión Europea y a la CELAC: nos otorguen un mandato político para negociar el Acuerdo de Integración Académica y convoquen a los ministerios de Educación, Ciencia y Relaciones Exteriores, con participación efectiva de la sociedad civil académica.
Propongo que de esta Cumbre surja la petición de una hoja de ruta para los gobiernos y evaluación pública de avances. Podemos comenzar y lo haremos, como sociedad civil académica, con acuerdos pequeños de reconocimiento de estudios y titulaciones, garantías de calidad y procedimientos que faciliten la movilidad. Pero un programa de becas con criterios de equidad debe abrir estas oportunidades a quienes carecen de recursos, la investigación conjunta necesita financiamiento estable e infraestructuras compartidas, especialmente para la transición ambiental, la salud y una inteligencia artificial al servicio de las personas. Aquí deben estar los gobiernos.
Podemos avanzar mediante iniciativas abiertas de los países e instituciones dispuestos a comenzar, facilitando la incorporación de los demás. La diversidad de nuestros sistemas exige un trabajo gradual, respetuoso de la autonomía universitaria y sostenido más allá de los cambios de gobierno.
Queridas y queridos colegas: esta convocatoria también nos compromete. Como sociedad civil académica debemos compartir capacidades, abrir nuestras redes y superar fragmentaciones. Invito a nuestros grupos de trabajo a formular propuestas que indiquen cómo ejecutarlas y cómo medir sus resultados. Los estudiantes deben participar en ese proceso: sus experiencias muestran dónde están las barreras y qué necesitamos transformar.
Señoras y señores: millones de estudiantes y profesores necesitan que este espacio común se convierta en una realidad. La responsabilidad que asumimos tiene su medida en sus oportunidades y en el servicio que nuestras universidades prestan a la sociedad.
Que desde Maia y Oporto nazca una voluntad compartida capaz de dar a nuestras propuestas el respaldo político que requieren. Construyamos una integración que permita a nuestros jóvenes reconocerse como protagonistas de un futuro común y que haga del conocimiento una fuerza de paz.
Con esa convicción, iniciemos los trabajos de esta VII Cumbre Académica.
Muchas gracias.


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